por Sophia A. McClennen
El último episodio de Stephen Colbert como presentador de The Late Show, el 21 de mayo de 2026, no marca el final de su carrera. Pero como estudiosa del humor político, creo que ofrece una oportunidad para reflexionar sobre el impacto duradero de su comedia, que ha abarcado su trabajo como corresponsal en The Daily Show, su personaje de analista conservador en The Colbert Report y su reinvención en The Late Show.
Los mejores satiristas hacen más que entretener. Influyen en el discurso público y dejan huellas duraderas en la vida política. Este grupo incluye a escritores destacados como Benjamin Franklin y Mark Twain, junto a artistas como Lenny Bruce y George Carlin.
En mi opinión, Stephen Colbert se ha ganado un lugar en el nivel más alto. Aquí hay cinco razones de por qué.
1. No solo satirizó las noticias, sino que informó al público
La mayoría de los satiristas ofrecen comentarios irónicos sobre los acontecimientos políticos. Colbert a menudo hacía algo más ambicioso: ayudaba al público a entenderlos. Los críticos han descartado durante mucho tiempo la comedia política como entretenimiento superficial, pero la sátira de Colbert con frecuencia ofrecía información valiosa al público.
En 2010, la decisión Citizens United de la Corte Suprema transformó la ley de financiamiento de campañas, inclinando la influencia política hacia las personas ricas y las corporaciones. Como presentador de The Colbert Report, el comediante respondió creando una serie continua de segmentos sobre el “Colbert Super PAC”. Al trabajar con el ex presidente de la Comisión Federal de Elecciones, Trevor Potter, Colbert pudo traducir los opacos mecanismos de la ley de financiamiento de campañas en una educación cívica accesible.
Es difícil rastrear por completo el impacto de este enfoque. Pero un estudio del Pew Research Center de 2007 descubrió que las audiencias de programas de noticias satíricas como The Daily Show y The Colbert Report obtuvieron puntuaciones altas en las mediciones de conocimiento político, superando a las audiencias que solo consumían noticias políticas de los medios tradicionales.
Ese impulso de utilizar la sátira como vehículo para la educación cívica continuó después de que Colbert se convirtiera en presentador de The Late Show en 2015.
Con los debates en pleno apogeo sobre el muro fronterizo propuesto por la primera administración de Trump, Colbert llevó a expertos al programa para desglosar las realidades de ingeniería, financieras y logísticas de construir uno que abarcara la totalidad de la frontera entre Estados Unidos y México. Sí, el absurdo de la física y las finanzas provocó risas. Pero Colbert también ayudó a los espectadores a entender por qué las promesas de Trump eran inverosímiles.
2. Le dio a los estadounidenses un nuevo vocabulario político
Cuando el mundo es absurdo, el satirista utiliza el ingenio irónico para darle sentido. Colbert se destacó al sintetizar la manipulación y la duplicidad de la política en frases memorables.
En el primer episodio de The Colbert Report en 2005, introdujo la palabra “truthiness” (veracidad intuitiva) para describir la tendencia a preferir lo que “se siente como verdadero” por encima de lo que respaldan las pruebas. Esto dio nombre de manera incisiva a una táctica política engañosa, una que la administración Bush había utilizado repetidamente, desde “Misión cumplida” hasta “armas de destrucción masiva” y “técnicas de interrogatorio mejoradas”.
“Truthiness” cobró vida propia. Merriam-Webster la nombró Palabra del Año en 2006.
Colbert continuó con esta labor retórica en The Late Show. Por ejemplo, en febrero de 2017, después de que Donald Trump intensificara sus ataques contra la prensa al calificar a los principales medios de comunicación como “el enemigo del pueblo estadounidense”, el comediante pasó de la parodia al diagnóstico. Puso en primer plano la historia autoritaria de la frase, insistiendo en que la retórica señalaba una escalada significativa en los ataques a los derechos de la Primera Enmienda, en lugar de una controversia pasajera. En otras palabras: aquí no había nada de qué reírse.
3. Desdibujó la línea entre la sátira y la acción directa
Los académicos de los medios de comunicación han señalado cada vez más cómo los comediantes políticos funcionan ahora como figuras híbridas que desdibujan el periodismo, el entretenimiento y el compromiso cívico. Según el estudioso de la comunicación Joseph Faina, Colbert puede ser uno de los ejemplos más claros de ese cambio.
La campaña presidencial satírica de Colbert en Carolina del Sur en 2007 se burló del teatro de la política electoral estadounidense. De hecho, intentó ingresar a la contienda a través de los canales oficiales, solo para ser bloqueado por el Partido Demócrata de Carolina del Sur. Pero incluso en su fracaso por aparecer en la boleta electoral, pudo mostrar cómo el control del partido y el espectáculo mediático, y no solo la elección de los votantes, estructuran el campo de los candidatos viables.
En 2010, realizó una manifestación junto a Jon Stewart en el National Mall ante una multitud de más de 200.000 personas. Asumiendo su personaje de analista conservador, Colbert mezcló ironía y sinceridad, burlándose de la excesiva seriedad, el sensacionalismo y los ciclos de noticias impulsados por la indignación de los canales de cable a través de sus llamados contrapuestos a la “sensatez” y al “miedo”. Pero el evento también fue diseñado para motivar la participación electoral en las elecciones intermedias.
Ese impulso intervencionista continuó en The Late Show. Durante el ciclo electoral de 2020, por ejemplo, Colbert fomentó el voto a través de segmentos como “Better Know a Ballot” (Conoce mejor una boleta). Siendo una variación de su anterior sección “Better Know a District” (Conoce mejor un distrito) de The Colbert Report, la serie “Better Know a Ballot” fue diseñada para educar a los espectadores sobre el acceso a las boletas, los procedimientos de votación y los elementos prácticos de la participación democrática.
4. Influyó de manera medible en el comportamiento político
Las afirmaciones de que los comediantes cambian la política pueden exagerarse fácilmente. Pero la influencia de Colbert cuenta con respaldo empírico.
La investigación realizada por los expertos en comunicación política Jody Baumgartner y Jonathan Morris descubrió que la exposición a la sátira política puede aumentar el sentido de lo que se conoce como “eficacia política” en los espectadores: la creencia de que pueden entender y participar en la política. Otros estudios sugieren que las audiencias de noticias satíricas suelen ser más activas políticamente de lo que se supone.
Colbert es citado repetidamente en estos estudios como uno de los principales ejemplos de un satirista que genera un impacto. Tomemos, por ejemplo, el llamado “efecto Colbert” (Colbert bump), por el cual los candidatos que aparecen en sus programas experimentan impulsos en la recaudación de fondos, la visibilidad y la cobertura mediática. El politólogo James H. Fowler descubrió que los candidatos demócratas que aparecieron en The Colbert Report experimentaron un aumento del 44% en las donaciones de campaña dentro de los 30 días posteriores a su aparición.
Un efecto similar se pudo ver en The Late Show. Después de que Colbert entrevistara al representante estatal de Texas James Talarico, un candidato al Senado, en febrero de 2026, CBS canceló el segmento, alegando, tal vez de manera poco sincera, que la cadena podría ser sancionada por no adherirse a la regla de “tiempo igualitario” de la FCC, que exige que las estaciones de radiodifusión ofrezcan un tiempo de aire comparable a los candidatos opositores.
No obstante, una versión grabada de la entrevista se publicó en YouTube, donde acumuló más de 9 millones de visitas, lo que ayudó a impulsar la recaudación de fondos de Talarico de 27 millones de dólares en el primer trimestre, la cantidad más grande jamás recaudada por un candidato al Senado en el primer trimestre de un año electoral.
5. Redefinió el patriotismo estadounidense
Clasificar a Colbert entre los satiristas más importantes de Estados Unidos requiere una consideración adicional: su papel en la redefinición no solo de lo que representa el país, sino de lo que significa ser patriota.
Muchos satiristas se inclinan hacia el cinismo, retratando la política como irremediablemente corrupta y la vida pública como fundamentalmente absurda. Colbert no.
Como argumentó el lingüista Geoffrey Nunberg en su libro de 2006, Talking Right: How Conservatives Turned Liberalism into a Tax-Raising, Latte-Drinking, Sushi-Eating, Volvo-Driving, New York Times-Reading, Body-Piercing, Hollywood-Loving, Left-Wing Freak Show, los conservadores habían reclamado el monopolio del patriotismo a medida que el siglo XX llegaba a su fin. Al mismo tiempo, muchos de ellos promovían lo que se conoce como “patriotismo ciego”, en el cual cualquier crítica a Estados Unidos se presenta como evidencia de una lealtad nacional insuficiente. La sátira de Colbert desafió directamente ese marco.
Al exponer ese patriotismo performativo, el personaje de Colbert en The Colbert Report se envolvía en una imaginería patriótica exagerada: banderas, rimbombancia, exceso de confianza y un nacionalismo de golpes en el pecho.
Pero el chiste nunca era Estados Unidos en sí mismo. El objetivo era una demostración de patriotismo que trataba el desacuerdo como deslealtad, la certeza emocional como evidencia y la identidad partidista como virtud cívica.
Como sostengo en mi libro de 2011, Colbert’s America, la sátira de Colbert distinguió consistentemente entre el nacionalismo y el patriotismo democrático. El primero exige una lealtad incuestionable. El segundo exige rendición de cuentas. Por ejemplo, a través de segmentos como “Threat-Down” en The Colbert Report, satirizó la forma en que el nacionalismo a menudo depende de exagerar peligros ficticios y denunciar enemigos simbólicos y externos.
En ese sentido, Colbert pertenece a una tradición satírica claramente estadounidense que se remonta a Benjamin Franklin. El gran satirista estadounidense ha utilizado el humor no para rechazar el proyecto nacional, sino para exponer la brecha entre sus ideales y sus realidades. Reformulan la manera en que los ciudadanos entienden el poder y la responsabilidad cívica.
Durante casi tres décadas, Stephen Colbert ha hecho exactamente eso.
The Conversation. Traducción: Sarah Díaz-Segan