por Joseph Winters
En junio, atletas de dieciséis países comenzarán el Mundial vistiendo ropa usada de otras personas. Bueno, tal vez. Lucirán uniformes confeccionados con tejido reciclado, que potencialmente incluye una mezcla de retazos y ropa vieja. Es la iniciativa más reciente de Nike, una de las empresas de ropa más grandes del mundo, para incorporar más material reciclado en las prendas que fabrica. Esta vez, el gigante de la indumentaria dijo que utilizó “reciclaje químico avanzado” para producir su primera línea de ropa de alto rendimiento de élite a partir de un 100 por ciento de residuos textiles.
Los ejecutivos de Nike y cierta cobertura mediática han insinuado que los atuendos representan un punto de inflexión para la moda sostenible: que la ropa “circular”, capaz de ser reciclada una y otra vez, pronto podría llegar a los consumidores cotidianos.
El panorama real, como es de esperar, es un poco más complicado. De hecho, Nike ha firmado acuerdos con dos empresas de reciclaje químico, pero nadie dice mucho sobre su tecnología o qué tan escalable es. A pesar del aumento de las inversiones por parte de las marcas de moda, los expertos señalaron que no se debe esperar encontrar estantes de venta llenos de ropa reciclada químicamente en el corto plazo.
“Sí, es técnicamente posible”, dijo Veena Singla, investigadora de salud ambiental en la Universidad de California, San Francisco. “¿Pero va a suceder en la realidad?”. Ella y otros que estudian el reciclaje químico no lo creen, al menos no de la manera que los consumidores podrían esperar. El día en que puedan comprar ropa reciclada químicamente, usarla y luego devolverla para otro viaje a través del ciclo no está cerca.
Lo que parece más probable es que la industria de la moda expanda el uso de esta técnica de reciclaje con telas de desecho industrial, y a un nivel que no se acerca en nada al necesario para abordar los aumentos proyectados en la producción textil.
Nike tiene razón en que la industria de la moda tiene un problema de sostenibilidad. Las empresas de confección producen más de 100.000 millones de prendas de vestir cada año. En el proceso, generan hasta el 10 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo y una cantidad inimaginable de residuos; la gran mayoría de los textiles terminan en vertederos, incinerados o enviados a basureros no oficiales en países pobres. Y todo esto es posible gracias a los combustibles fósiles, ya que casi el 70 por ciento de la ropa está hecha de telas derivadas del petróleo. El más común es el poliéster, un tipo de plástico que también se utiliza en las botellas de agua.
En lugar de reducir la producción, Nike y muchos de sus competidores se han comprometido a impulsar la “circularidad” del poliéster, principalmente a través del reciclaje.
El impulso para hacerlo por medios químicos es una respuesta a las deficiencias de otras estrategias que han intentado. El reciclaje mecánico tradicional mediante trituración y molienda hace que las fibras se rompan. El tejido resultante debe mezclarse con un 70 u 80 por ciento de material virgen para que cualquier prenda hecha con él no se deshilache ni se rompa.
La estrategia mucho más frecuente consiste en transformar botellas de plástico desechadas en poliéster nuevo. Patagonia fue pionera en este enfoque a principios de los años 90, y al comienzo de esta década, prácticamente todo el poliéster reciclado procedía de botellas viejas. Hoy en día, sin embargo, las empresas se enfrentan cada vez más a demandas y al escrutinio regulatorio de quienes prefieren que las botellas vuelvan a convertirse en botellas.
Se supone que el reciclaje químico es la siguiente mejor opción. El término se refiere al uso de disolventes para disolver las fibras en sus unidades químicas básicas, bloques de construcción que luego pueden hilarse para crear nuevos tejidos. A primera vista, esta es una solución verdaderamente “circular” porque no depende de las botellas, y sus defensores afirman que puede transformar tus camisetas de poliéster o pantalones cortos de correr usados en prendas nuevas una y otra vez, sin pérdida de calidad en la tela.
Esa es la visión que promueven ahora marcas de moda rápida como Gap, H&M y Levi’s, muchas de las cuales han firmado acuerdos plurianuales con un puñado de empresas emergentes de reciclaje químico. El otoño pasado, Nike acordó adquirir poliéster “circular” de dos de ellas: la firma sueca Syre y Loop Industries, aquí en Estados Unidos.
Las investigaciones respaldan parte de las expectativas. Técnicamente, el reciclaje químico puede producir poliéster de calidad virgen, y al menos un método, llamado metanólisis, es capaz de preservar esa calidad a lo largo de repetidos ciclos de reciclaje. Pero existen limitaciones importantes.
Diana Ferreira, investigadora textil de la Universidad de Minho en Portugal, señaló que el reciclaje químico de textil a textil sigue estando limitado por la disponibilidad de tejido adecuado para trabajar. “Si estamos tratando con flujos de residuos limpios, bien clasificados y ricos en poliéster, el reciclaje químico puede, en principio, producir material con propiedades comparables al poliéster virgen”, afirmó. “Sin embargo, si hablamos de residuos textiles posconsumo, la situación es mucho más compleja”.
En otras palabras, el reciclaje químico funciona mejor con desechos industriales, que son más uniformes que las montañas de ropa usada. Estas últimas pueden incluir mezclas de algodón, nailon, lana, elastano y acrílicos, sin mencionar tintes, recubrimientos químicos, hilos, etiquetas y cremalleras. Todo esto hace que el reciclaje químico sea mucho menos viable, al menos no sin una clasificación meticulosa y repetidas rondas de pretratamiento para eliminar químicamente todos esos contaminantes.
“Si quisiéramos que funcionara, tendríamos que hacer que nuestra ropa fuera 100 por ciento poliéster y tendríamos que deshacernos de muchísimas sustancias químicas tóxicas”, afirmó Singla.
Beth Jensen, de la organización sin fines de lucro Textile Exchange, es más optimista. Afirmó que se necesitan “todas las soluciones”, incluido el reciclaje químico, para reducir la dependencia de la industria de la moda respecto a los combustibles fósiles. Pero coincidió en que establecer la infraestructura requerida para que las empresas acepten ropa usada y utilicen tecnologías como la metanólisis para convertirla en prendas nuevas todavía está lejos de ser una realidad. Además, no está claro quién la construirá. ¿Empresas como Nike? ¿Los gobiernos? ¿Los recicladores? ¿Alguna combinación de estas entidades trabajando de forma colaborativa?
Incluso si la industria logra alcanzar sus metas optimistas para el poliéster reciclado químicamente a principios de la década de 2030 (ya sea a partir de desechos o de la ropa vieja de la gente), la producción de tejido “circular” probablemente sería insignificante en comparación con las más de 169 millones de toneladas métricas de poliéster que se proyecta fabricar anualmente para entonces. Dionisios Vlachos, profesor de ingeniería química en la Universidad de Delaware, afirmó que el objetivo de Syre de producir incluso 3 millones de toneladas métricas para 2032 es “demasiado agresivo”.
En cambio, las empresas necesitan “revertir la tendencia de la moda rápida”, afirmó Nusa Urbancic, directora ejecutiva de la organización sin fines de lucro Changing Markets Foundation. Eso significa producir menos ropa en general, independientemente de si contiene materiales reciclados o vírgenes. El año pasado, el crecimiento del poliéster reciclado (proveniente en su mayoría de botellas) se vio eclipsado por un aumento aún mayor en la producción de poliéster basado en combustibles fósiles.
Urbancic ve el reciclaje químico como “una excusa para seguir produciendo ropa de plástico” y aboga por abandonar por completo el poliéster; el material desprende microfibras y puede exponer a los consumidores a sustancias químicas peligrosas.
Nike, Syre y Loop Industries no respondieron a las solicitudes de entrevistas ni a listas detalladas de preguntas, lo que pone de relieve un problema de transparencia advertido por Singla, Vlachos y otras personas con las que habló Grist. La confidencialidad de la industria dificulta saber qué está ocurriendo realmente en estas empresas, y si el gran cambio textil que prometen bajo la etiqueta “#TheGreatTextileShift” será diferente de las iniciativas fallidas de reciclaje químico del pasado.
Vale la pena señalar que Loop Industries nunca ha obtenido ganancias desde su fundación en 2010. La empresa está bajo investigación por parte de la SEC tras un informe de 2020 que la acusaba de tergiversar sistemáticamente su tecnología ante reguladores e inversores, y en 2022 resolvió una demanda colectiva por acusaciones similares. Syre, por su parte, no ha explicado cómo la fábrica a “gigaescala” que planea construir en Vietnam podrá procesar la ropa vieja de los consumidores, dada la prohibición que existe en ese país sobre la importación de ropa usada.
“Está por verse si el anuncio de Nike llega a algo”, dijo Singla. En el futuro previsible, parece que el poliéster reciclado químicamente se limitará a productos de nicho como los uniformes del Mundial.
Grist. Traducción: Francis Provenzano.