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Pandillas de Nueva York en el torbellino de la escritura

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por Martin Lamotte

Pandillas de Nueva York que imaginamos y a veces fantaseamos vinculadas con el tráfico de drogas, los delitos y los ajustes de cuentas. Pensamos también en detenciones masivas y políticas para erradicar la violencia urbana, como la que vivió Nueva York durante la década de 1990 bajo el liderazgo del entonces alcalde, Rudolph Giuliani. No hace mucho la policía de Nueva York arrestó a un famoso líder pandillero, Carmelo Vélez, líder de los Latin Kings, una notoria pandilla latinoamericana en toda el área de Nueva York. Pero detrás de estas imágenes de violencia que se pegan a la piel de las distintas bandas estadounidenses hay también historias mucho más profundas, que mezclan demandas políticas, procesos identitarios y búsquedas espirituales.

Así fue como la pandilla Los Ñetas, que vive un destino internacional entre Puerto Rico, Nueva York, Guayaquil y Barcelona, ​​y a la que seguí para mi trabajo de tesis en antropología, desarrolló una historia real en torno a su fundador, el puertorriqueño Carlos Ramón Torres Iriarte, alias Carlos La Sombra.

Fue a raíz del asesinato de este preso común, cercano al independentismo puertorriqueño, el 30 de marzo de 1981, que se estructuró la banda. Lejos de la imagen del bandolero cruel y sanguinario, Carlos encarna para los Ñetas un modelo de vida de gánster.

Las calles, las drogas, las guerras de pandillas

Durante las décadas de 1980 y 1990, la ciudad de Nueva York se vio sofocada en una epidemia de crack y una violencia severa.

Subdivididos en grupos locales, capítulos, encabezados por presidentes, los Ñetas se beneficiaron de esta economía de la droga, estableciendo puntos de venta en los territorios que controlaban. Los integrantes de La Asociación, el otro nombre de los Ñetas, eran así parte de las manos pequeñas de este tráfico y trabajaban para los bichotes, los capos de la droga, vendiendo su stock en la calle. Para controlar los distintos puntos del narcotráfico en las calles del Bronx o Brooklyn, los Ñetas fueron a la guerra con otras bandas como los Latin Kings, los Zulus o la Familia.

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Sin embargo, a mediados de la década de 1990, comenzó un segundo período en el desarrollo de La Asociación en Nueva York, cuando se creó una junta central que reunió a los dos mil Ñetas de Nueva York. Se fue imponiendo paulatinamente una suerte de superestructura de gobierno en el paisaje de los Ñetas, al intervenir directamente en su organización y en su vida cotidiana.

Uno de sus líderes, Bebo, a quien conocí en 2011, tenía 19 años cuando ingresó a los Ñetas y 22 cuando fue elegido presidente de la junta. Al acceder al poder, propuso reorganizar toda la pandilla, reestructurando los capítulos y transfiriendo la autoridad de sus presidentes dentro de la junta.

Esta centralización representó un cambio en la organización de los Ñetas en Nueva York: pasaron de una estructura tipo pandilla callejera a un sistema centralizado y jerárquico. Pero esta toma de control llevó a la pandilla a conflictos internos y una profunda crisis existencial que condujo a la salida de algunos de sus miembros.

Esta transformación interna también estuvo fuertemente correlacionada con la estructura político-económica fluctuante de Nueva York. En 1993, el nuevo alcalde de la ciudad, Rudolph Giuliani, les “declaró la guerra” a las pandillas callejeras y persiguió, entre otros, a los Ñetas. Su acción estuvo acompañada de una lucha contra el narcotráfico y una política de tolerancia cero.

Al mismo tiempo, el mercado del crack, que había sido tan floreciente desde mediados de la década de 1980, experimentó una marcada desaceleración, incluso una severa depresión. Los Ñetas debieron, por tanto, adaptarse a un nuevo contexto marcado por el aumento de la represión a su organización, la presencia masiva de policías en las calles y la metamorfosis de un mercado de drogas que ya no controlaban. Es en este momento crítico que Bebo se impuso y ofreció a los miembros otra historia propia.

La escritura de un libro y el surgimiento de una figura

Tomando como base la figura tutelar de Carlos La Sombra, Bebo apostó por un retorno a las raíces de La Asociación poniendo en marcha un importante proyecto, la redacción de Liderato, el libro Ñeta y la historia de Carlos.

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Bebo firmó con su propio nombre varios textos de Liderato, que de facto valida los documentos luego distribuidos a todos los Ñetas. Secretos y sagrados, reunidos en forma de libro, los textos de Liderato contienen la historia de Carlos, la de la pandilla, pero también la filosofía de los Ñetas, las reglas del Grito, el ritual organizado en honor a Carlos cada treinta meses, y los de La Asociación. Conocer ciertos pasajes seleccionados asegura el ingreso a la pandilla, siguiendo un proceso de iniciación llamado Convivencia.

Carlos La Sombra. Sin crédito.

Este desvío por escribir la historia de Carlos ayudó a Bebo a reconducir a La Asociación hacia un activismo político más acentuado y a salir de la ilegalidad. A partir de ahora, los Ñetas constituyeron el servicio de orden de las Jornadas de Justicia Racial, manifestaciones organizadas por varias asociaciones de Nueva York contra la violencia policial.

También trabajaron directamente para partidos políticos y participaron en el reclutamiento de los habitantes del sur del Bronx en las listas electorales de 1993 y luego de 1997.

Ciertamente, esta transformación no estuvo exenta de enfrentamientos dentro de la pandilla; sin embargo, Bebo logró imponer una línea política independentista (puertorriqueña), abolicionista del sistema penitenciario y radical, que atribuyó a Carlos, al tiempo que propuso una nueva figura del líder de Ñetas: aquel que, siempre siguiendo el modelo de Carlos, hace las paces.

Cambios en la figura del líder

Escrita en momentos de crisis existencial, la trayectoria de la vida de Carlos muestra las polaridades de esta pandilla, las diferentes visiones que chocan al interior de los Ñetas con su cuota de violencia y finalmente el surgimiento de figuras de líder movilizando nuevas formas de autoridad.

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La comunidad Ñetas está atravesada por relaciones de poder, autoridad y control. Si los Ñetas cesan las guerras de pandillas cuando Bebo empieza a escribir Liderato, la violencia no desaparece de su registro de acción. Así, la heroización de Carlos y la escritura de su historia se vinculan a un proceso de pacificación interna que remite a una nueva economía política violenta.

La historia de Carlos es también la historia de un líder que logra, ante la evolución del contexto económico y político, reconfigurar la base misma de su autoridad. Si bien el presidente de los Ñetas era hasta ese momento solo un señor de la guerra, obteniendo su legitimidad de su capacidad para brillar en una economía depredadora (drogas, guerras territoriales), Bebo ancló su autoridad en su capacidad para movilizar conocimiento en torno a Carlos.

Es invirtiendo en una economía de vínculo con el medio político-asociativo que logra imponerse entre los Ñetas. Cuando la mayoría de los jefes de la mafia, mafiosos u otros jefes basan su autoridad en su capacidad para usar la violencia, Bebo parece ir en la dirección opuesta.

Este tipo de escritura, tanto en su grado de elaboración como en su formalización, es única en su género en el mundo de las pandillas. Sin embargo, no es raro que en estos grupos circulen relatos orales de sus orígenes. Sin embargo, que yo sepa, sólo los Latin Kings, oficiando en el mismo período que los Ñetas, desarrollaron un manifiesto de la misma magnitud que el Liderato. El proceso de pacificación es más común, al menos a la escala de Nueva York que vivió la gran tregua de las bandas callejeras en los años 60, inmortalizada en la película Warriors.

Sin embargo, esta reinversión política colectiva es rara y si los Ñetas lograron pacificarse y transformar su grupo en una organización política callejera más o menos formal, sigue siendo políticamente marginada y criminalizada por la administración de Nueva York.

Fuente: The Conversation/ Traducción: Camille Searle

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