por Taylor Wishart
A medida que las temperaturas veraniegas se disparan en Estados Unidos y Europa, las ciudades se ven obligadas a afrontar la difícil realidad de que están alcanzando niveles peligrosamente altos de calor.
Las olas de calor sin precedentes sobrecargan las redes eléctricas, obligan a la gente a refugiarse en albergues climatizados y pueden hacer que los pisos superiores de algunos edificios de apartamentos sean inhabitables.
Una forma de ayudar a enfriar los edificios es instalar techos verdes: azoteas cubiertas de plantas que pueden transformar los techos que absorben el calor en soluciones de refrigeración.
Los techos verdes se han promovido durante mucho tiempo como un método para ayudar a las ciudades a mantenerse frescas. A menudo, las ciudades ofrecen incentivos a los promotores inmobiliarios para que los instalen. Pero simplemente construir un techo verde no es suficiente.
Mi investigación con colegas demuestra que lo que sucede después de la construcción de un techo verde es tan importante como la decisión inicial de instalarlo. Descubrimos que muchos techos verdes caen en el abandono y no duran más de unos pocos años, probablemente debido al costo del mantenimiento. Cuando se recortan los presupuestos operativos de los edificios, los elementos paisajísticos, incluidos los techos verdes, suelen modificarse o se reduce el mantenimiento para ahorrar dinero.
¿Qué es un techo verde?
A diferencia de un techo tradicional hecho de asfalto, metal o tejas, un techo verde está compuesto por capas, que incluyen aislamiento, impermeabilización y drenaje, que permiten que las plantas crezcan sobre el edificio.
Según su diseño, estos techos pueden albergar desde sedums de bajo crecimiento hasta arbustos y árboles. Los jardines de la azotea del Rockefeller Center en Nueva York fueron diseñados en la década de 1930 para contener árboles, césped, arbustos y áreas de descanso, funcionando como oasis de tranquilidad lejos del bullicio del tráfico. El techo de la Academia de Ciencias de California en San Francisco está completamente cubierto por una hectárea de flores silvestres, suculentas y otras flores costeras autóctonas.

Estos tejados son más que un simple elemento decorativo del paisaje. Las plantas absorben la luz solar que, de otro modo, calentaría el edificio. También enfrían el aire circundante mediante un proceso llamado evapotranspiración, en el que liberan vapor de agua. Además, pueden reducir la cantidad de energía necesaria para la calefacción y la refrigeración de los edificios al actuar como aislante. Los techos verdes también recogen el agua de lluvia e impiden que llegue a los desagües pluviales, reduciendo así el riesgo de inundaciones y mejorando la calidad del agua en la comunidad.
Debido a estos beneficios, organizaciones como la Comisión Europea y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos han promovido los techos verdes en los últimos años como una forma de reducir las islas de calor urbanas, hacer que las ciudades sean más resistentes a los fenómenos meteorológicos extremos y mejorar la biodiversidad al favorecer a las aves, las mariposas y otros insectos.
Algunas ciudades incluso contribuyen a su financiación ofreciendo incentivos, como créditos fiscales, reducciones en las tasas por aguas pluviales o agilización de los permisos, para animar a los promotores a instalar techos verdes. Filadelfia, por ejemplo, ofrece a las empresas un crédito fiscal que puede cubrir hasta el 50% de los costes de construcción de techos verdes.
Estos programas reconocen los beneficios públicos que pueden aportar los techos verdes, pero tienden a centrarse en la construcción de los techos en lugar de en su mantenimiento a largo plazo. Sin mantenimiento, todo el trabajo y el dinero invertidos por los constructores y las comunidades pueden perderse rápidamente.
¿Qué ocurre con los techos verdes a largo plazo?
La mayoría de las conversaciones sobre techos verdes se centran en su diseño: ¿Qué profundidad debe tener el suelo? ¿Qué plantas se deben usar? ¿Cuánto pueden enfriar un edificio? Se presta menos atención a lo que sucede con el techo dentro de cinco, diez o veinte años.
Para comprender mejor el futurology a largo plazo de los techos verdes, estudiamos 46 de ellos en el sureste de Estados Unidos. En lugar de preguntar qué tan bien funcionaba un techo recién instalado, nos preguntamos si seguía funcionando y recibiendo mantenimiento años después de su construcción. Los resultados nos sorprendieron.
Casi la mitad de los tejados ya no cumplían su función. Nueve estaban abandonados, con la vegetación descompuesta y sin mantenimiento. Doce tejados habían sido retirados por completo.
Aún más interesante fue lo que predijo el éxito, o el fracaso, de un techo verde. Daba igual si el techo verde había recibido la certificación LEED, que lo reconocía formalmente como diseño sostenible, o si pertenecía a una empresa privada o a una organización sin ánimo de lucro. Lo que importaba era si la propiedad del edificio había cambiado.
Cada vez que un edificio cambiaba de propietario, los techos verdes terminaban abandonados o eliminados por completo, posiblemente debido a la pérdida de conocimientos sobre su funcionamiento. También está el tema del costo; quienes compran edificios con techos verdes pueden tener presupuestos o prioridades diferentes y no necesariamente desean invertir el tiempo o el dinero necesarios para su mantenimiento.
Implicaciones a mayor escala
Las infraestructuras verdes requieren un seguimiento y un cuidado constantes. Las plantas necesitan riego, fertilización y, a veces, reemplazo. Los sistemas de riego requieren reparaciones. Es necesario controlar las especies invasoras. Se deben inspeccionar las capas de drenaje para prevenir fugas catastróficas que dañen el edificio. El mantenimiento de los techos verdes puede costar desde unos pocos centavos hasta más de tres dólares por pie cuadrado al año y puede ser laborioso, dependiendo de si se requiere deshierbar y regar manualmente. Sin ese cuidado, muchos de los beneficios que justificaron la inversión inicial pueden desaparecer.
Imagínense plantar miles de árboles en las calles y luego no volver a regarlos. Sería una mala inversión. Sin embargo, la gente suele dar por sentado que los techos verdes seguirán funcionando indefinidamente después de su instalación, sin pararse a considerar el trabajo que implica mantenerlos vivos. Nuestra investigación sugiere que esta suposición merece un análisis más detenido.
Mirando hacia el futuro
Las investigaciones demuestran sistemáticamente que la infraestructura verde desempeña un papel importante a la hora de ayudar a las ciudades a adaptarse al calentamiento global. Puede reducir las temperaturas urbanas, mejorar la gestión de las aguas pluviales, crear hábitats y hacer que los barrios sean más confortables.
Pero para que los techos verdes sigan aportando beneficios medioambientales décadas después de su instalación, las comunidades deberán ir más allá de los incentivos para la construcción.
Los planes de mantenimiento a largo plazo, la clara definición de las responsabilidades de propiedad y la financiación para la gestión responsable pueden resultar tan importantes como la propia instalación. La adaptación al cambio climático no se trata solo de construir nuevas infraestructuras, sino también de garantizar que estas puedan seguir funcionando correctamente durante muchos años.
The Conversation. Traducción: Clara Veldrán.