por Matt Simon
Una tormenta masiva y gélida se está desarrollando en los Estados Unidos, extendiéndose desde el suroeste hasta el noreste y sumiendo a gran parte del país en un congelamiento profundo hasta la próxima semana. The Weather Channel advierte que más de 230 millones de personas (dos tercios de la población del país) podrían verse afectadas por el sistema, que está produciendo fuertes nevadas y acumulaciones de hielo “catastróficas”. Las llanuras del norte podrían experimentar sensaciones térmicas por debajo de los -50 grados Fahrenheit, según el Servicio Meteorológico Nacional. También se advierte sobre interrupciones generalizadas en los viajes y la energía eléctrica, lo que hará que las cosas sean aún más peligrosas para las personas que no pueden calentar sus hogares.
Si sientes que estás en el Polo Norte en este momento, es porque en cierto modo lo estás. Girando a gran altura sobre el Ártico se encuentra una masa de aire muy frío conocida como vórtice polar. Esta está rodeada, y típicamente atrapada, por un fuerte patrón de vientos llamado corriente en chorro, que se encuentra en un nivel más bajo de la atmósfera. Eso separa el aire frío del Ártico del aire más cálido al sur.
Sin embargo, las cosas están cambiando en el norte, ya que se calienta cuatro veces más rápido que el resto del planeta, un fenómeno conocido como amplificación ártica. La disminución del hielo marino expone aguas más oscuras, que absorben más energía del sol que el hielo. El calentamiento en la región, entonces, conduce a más calentamiento, y así sucesivamente. De hecho, el hielo marino del Ártico ha estado alcanzando extensiones mínimas históricas. Por eso, hoy en día hay menos contraste de temperatura que antes entre el Ártico y las regiones más cálidas al sur. “Cuando eso sucede, la corriente en chorro tiende a serpentear mucho, y eso permite que el aire muy frío baje hacia el sur”, dijo Ayumi Fujisaki-Manome, científica de la tierra en la Universidad de Michigan.
Las investigaciones sugieren que la corriente en chorro se ha estado debilitando últimamente, volviéndose más inestable. Eso podría aumentar la probabilidad de un clima como el que estamos experimentando ahora, aunque esto sigue siendo un tema de investigación activa dentro de la comunidad científica. “El problema es que es muy difícil demostrar si eso está sucediendo o no”, dijo Jacob Chalif, quien estudia el fenómeno en el Dartmouth College. “La amplificación ártica comenzó a despegar realmente en los años 90, y solo tenemos registros realmente sólidos de la corriente en chorro que se remontan a 1979”.
Eso deja a los investigadores con solo una década para usar como línea de base, agregó Chalif, mientras que en un mundo ideal tendrían muchos más años para determinar las tendencias. Así que el año pasado, Chalif lideró un estudio que utilizó aprendizaje automático para analizar registros climáticos que se remontan a 1901. El equipo descubrió que antes de 1979 hubo muchos años en los que la corriente en chorro se volvió ondulada, y a veces fue incluso más pronunciada que hoy. “En otras palabras, creo que el impacto del cambio climático en la corriente en chorro sigue siendo incierto”, dijo Chalif. “No creo que tengamos todavía una prueba irrefutable de que estemos volviendo la corriente en chorro más ondulada”.
Aun así, el cambio climático está intensificando este tipo de tormentas en general. El grupo de investigación Climate Central señala que en este momento las aguas del Golfo de México y del Pacífico frente a Baja California están excepcionalmente cálidas, y eso se ha vuelto mucho más probable debido a las emisiones de carbono de la humanidad. Esto carga la atmósfera con humedad adicional, que choca con el sistema que desciende desde el Ártico para intensificar la tormenta. Además, cuanto más se calienta la atmósfera, más humedad puede retener y más precipitación puede descargar en eventos climáticos extremos.
Así que cuando el presidente Donald Trump ve este vórtice polar desarrollándose y pregunta en una publicación en X: “¿QUÉ PASÓ CON EL CALENTAMIENTO GLOBAL?”, la respuesta es que el cambio climático es, en gran medida, un motor de las condiciones brutales que 230 millones de estadounidenses podrían experimentar en los próximos días. “Juzgar el cambio climático por una tormenta fría es como juzgar una temporada de béisbol por una sola entrada“, dijo Kaitlyn Trudeau, investigadora asociada senior de ciencia climática en Climate Central, en un comunicado. “Pero el cambio climático tiene un impacto tangible en esta tormenta”.
Grist. Traducción: Horacio Shawn-Pérez.