por Francis Provenzano
Hay algo casi vergonzoso en lo mucho que importaba. La noche del 13 de junio de 2026, cuando la chicharra final selló la victoria de los Knicks por 94-90 sobre los San Antonio Spurs en el quinto juego de las Finales de la NBA, Manhattan no celebró. Se convulsionó. Bocinas de autos. Fuegos artificiales en las azoteas. Desfiles espontáneos alrededor de la Port Authority. Personas que habían pasado décadas entrenándose para que no les importara, para no dejarse engañar otra vez, estaban afuera gritando en las calles, extraños abrazándose de una manera en que los neoyorquinos nunca lo hacen, es decir, en lo absoluto. Habían pasado cincuenta y tres años desde que Willis...
por Francis Provenzano
Hay algo casi vergonzoso en lo mucho que importaba. La noche del 13 de junio de 2026, cuando la chicharra final selló la victoria de los Knicks por 94-90 sobre los San Antonio Spurs en el quinto juego de las Finales de la NBA, Manhattan no celebró. Se convulsionó. Bocinas de autos. Fuegos artificiales en las azoteas. Desfiles espontáneos alrededor de la Port Authority. Personas que habían pasado décadas entrenándose para que no les importara, para no dejarse engañar otra vez, estaban afuera gritando en las calles, extraños abrazándose de una manera en que los neoyorquinos nunca lo hacen, es decir, en lo absoluto. Habían pasado cincuenta y tres años desde que Willis...