por Camille Searle
Existe una unidad de tiempo que no figura en ningún reloj: el minuto neoyorquino, ese instante más breve que el minuto convencional porque en Manhattan, se supone, todo sucede más rápido. La frase, cuyo registro escrito más antiguo se rastrea a mediados del siglo XX aunque su circulación popular se dispara en los años ochenta, no es inocente. Es una declaración de identidad urbana con consecuencias materiales. El segundo neoyorquino, su variante hiperbólica, lleva el argumento al absurdo lógico: el lapso entre que el semáforo cambia a verde y el taxista detrás tuyo toca la bocina.
El origen de la frase hay que buscarlo en la mitología del capitalismo estadounidense de posguerra, cuando Nueva...
por Camille Searle
Existe una unidad de tiempo que no figura en ningún reloj: el minuto neoyorquino, ese instante más breve que el minuto convencional porque en Manhattan, se supone, todo sucede más rápido. La frase, cuyo registro escrito más antiguo se rastrea a mediados del siglo XX aunque su circulación popular se dispara en los años ochenta, no es inocente. Es una declaración de identidad urbana con consecuencias materiales. El segundo neoyorquino, su variante hiperbólica, lleva el argumento al absurdo lógico: el lapso entre que el semáforo cambia a verde y el taxista detrás tuyo toca la bocina.
El origen de la frase hay que buscarlo en la mitología del capitalismo estadounidense de posguerra, cuando Nueva...