por Tara Valencia
Nunca hay un buen momento para un desastre natural, pero la suerte de Venezuela se ha agotado de una manera particularmente instructiva. Cuando los terremotos gemelos ocurrieron el 24 de junio (uno de 7.2 seguido treinta y nueve segundos después por uno de 7.5, el más fuerte que el país ha sentido en más de un siglo), no afectaron a una nación soberana que gestionara sus propios asuntos, por muy mal que lo hiciera. Afectaron a un protectorado. Seis meses antes, las fuerzas especiales de Estados Unidos habían volado a Caracas, capturado a Nicolás Maduro y a su esposa en sus camas, y los habían subido a un avión militar con destino a...
por Tara Valencia
Nunca hay un buen momento para un desastre natural, pero la suerte de Venezuela se ha agotado de una manera particularmente instructiva. Cuando los terremotos gemelos ocurrieron el 24 de junio (uno de 7.2 seguido treinta y nueve segundos después por uno de 7.5, el más fuerte que el país ha sentido en más de un siglo), no afectaron a una nación soberana que gestionara sus propios asuntos, por muy mal que lo hiciera. Afectaron a un protectorado. Seis meses antes, las fuerzas especiales de Estados Unidos habían volado a Caracas, capturado a Nicolás Maduro y a su esposa en sus camas, y los habían subido a un avión militar con destino a...