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La ciudad que no puede aguantarse

por Tara Valencia Nueva York se vende como una máquina de satisfacer deseos. Comida a cualquier hora. Sexo, dinero, cultura, tráfico, dopamina. Todo circula. Todo fluye. Excepto lo más básico: orinar. Defecar. Vaciar el cuerpo sin humillación. En la capital simbólica del capitalismo tardío, el acto fisiológico más democrático sigue siendo tratado como una falla moral, un desvío, una obscenidad que debe resolverse en privado o no resolverse en absoluto. La ciudad que inventó el rascacielos no sabe dónde poner un inodoro. O peor: lo sabe, pero prefiere no hacerlo. La noticia reciente sobre el impulso municipal para instalar baños públicos (modulares, autosuficientes, con temporizador, casi penitenciarios) se presenta como una innovación de gestión. Pero no lo es....

La ciudad que no puede aguantarse

por Tara Valencia Nueva York se vende como una máquina de satisfacer deseos. Comida a cualquier hora. Sexo, dinero, cultura, tráfico, dopamina. Todo circula. Todo fluye. Excepto lo más básico: orinar. Defecar. Vaciar el cuerpo sin humillación. En la capital simbólica del capitalismo tardío, el acto fisiológico más democrático sigue siendo tratado como una falla moral, un desvío, una obscenidad que debe resolverse en privado o no resolverse en absoluto. La ciudad que inventó el rascacielos no sabe dónde poner un inodoro. O peor: lo sabe, pero prefiere no hacerlo. La noticia reciente sobre el impulso municipal para instalar baños públicos (modulares, autosuficientes, con temporizador, casi penitenciarios) se presenta como una innovación de gestión. Pero no lo es....